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Mojones de la Defensa

 

 

Circuito auto guiado sobre la Defensa de Paysandú 1864-65

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ANÉCDOTAS HEROICAS

  • "Cuando sucumba"

El día 3 de diciembre se presentó un parlamentario con nota de Flores, en la cual éste le instaba a Leandro Gómez a entregarse bajo las mismas condiciones que había enviado cuando su primer intento de ingresar a la ciudad el 11 de enero pasado: garantía para la vida y propiedad de los jefes, soldados y ciudadanos y permiso para emigrar con plazo de 24 horas. Leandro Gómez no vaciló ni un minuto: "Le reitero mi respuesta de entonces, ¡cuando sucumba!”.

La primera acción de Flores fue informar a Tamandaré, quien envía respuesta avisando que bombardeará la ciudad en 24 horas y ocupara la misma con su infantería marina. Pasaron dos días sin que nada ocurriera hasta el 6 de diciembre se inició el ataque. Esta anécdota inspiró a Carlos María Fossati con su canción "Hasta sucumbir".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • La bandera sobre la cúpula de la Iglesia

En esos tiempos se mantenía que el pabellón de nuestra joven República debía flamear siempre en el punto más alto de las ciudades que en el caso de Paysandú era la Iglesia. 

Testimonios de soldados que combatieron en el episodio relatan que durante el asedio constante a la ciudad, la bandera allí ubicada fue derribada por un cañonazo. Apostado en una de las torres de la Iglesia se encontraba un Teniente de apellido Encina, quien se ofreció para devolverla a su sitio. Este episodio es mencionado por Orlando Rivero en su diario de guerra: "una de las balas de cañón echó abajo la bandera que flameaba en la media naranja de la Iglesia. El valeroso Teniente Ensina (sic), cruzó por la bóveda de la nave principal de la mencionada Iglesia, subió por la escalera de la media naranja que quedaba en descubierto, y colocó de nuevo la bandera. Durante todo el tiempo que duró esta operación, le dirigieron toda clase de proyectiles, los que no interrumpieron en lo más mínimo su intento. Cuando bajó, al cruzar de regreso la bóveda de la nave, una bala de cañón horadó a esta a sus pies; la conmoción sufrida en el piso que cruzaba, lo hizo tambalear, pero él siguió con paso tranquilo hasta la extremidad por donde debía bajar. 

El 2 de enero de 1865, el ejército invasor brasilero quitó la bandera colocando la del imperio en su lugar. El pabellón patrio fue entregado por Tamandaré al Emperador Pedro II como trofeo de guerra. El Dr. Andrés Lamas (Ministro Plenipotenciario ante la Corte de Río) la reclamó poco tiempo después al país vecino, bajo el argumento de que "habiendo sido su partido político -y del gobernador Flores-, aliado de Brasil en esa guerra, para nada procedía haberse llevado esa bandera como trofeo y reclama su devolución". Lo cual finalmente se concretó. La histórica bandera hoy se encuentra custodiada en el Batallón de Infantería N° 8 “Gral. Leandro Gómez”, sito en esta ciudad. Sin embargo, también hay voces disidentes que señalan la bandera que fue devuelta no es la que flameó sobre la cúpula durante el sitio y que la original se encuentra todavía en manos de Brasil, más específicamente en el Arsenal da Marinha, en la bahía de la capital carioca. De hecho en 2005, el MPP (sector político vinculado al Frente Amplio) reclamó públicamente realizar trámites para lograr conseguir la bandera de Leandro Gómez.

Un año después un historiador colorado se refirió a dicha teoría que mantiene la bandera original aún está en Brasil.

  • La destrucción de la Libertad

En el diario de Hermógenes Masanti se relata que el primer día del bombardeo a la plaza: “un proyectil de la escuadra Brasilera, disparado a las 2 de la tarde, hace saltar en pedazos el monumento a la Libertad. El General Gómez estaba con sus ayudantes en una esquina de la Plaza. Al ver volar los fragmentos de la estatua, dice el Capitán don Hermenegildo Alarcón: - Mi General, los Brasileros han muerto a la Libertad. El General contesto: - Levantaremos nuevamente su estatua, sobre una pirámide hecha con las balas demandantes de los cantones, que en cuanto pase el fuego recojan, todas las balas Brasileras que se encuentren.” Ese deseo de Leandro Gómez no llegaría a concretarse dado el asedio constante que sufrió el ejército defensor.

  • La barba de Leandro

Rivero indica en su diario de guerra que, luego del fusilamiento de Leandro Gómez y sus oficiales, los cuatro cadáveres, fueron sacados del huerto y puestos en fila en el patio de la casa. Al cadáver del General Gómez le cercenaron "la larga pera que usaba". 

Relata Rómulo Rossi que según datos que relevó en 1923 a partir de entrevistas a testigos de la Defensa, que un comerciante llamado Eleuterio Mujica fue quien cortó la barba de Leandro, habiendo pedido permiso para para ello con el fin de llevársela como recuerdo a la familia de éste. Incluso agrega Rossi que, veinte años después, un hijo de Leandro Gómez habría confirmado que Mujica cumplió con su misión. Sin embargo,  hay otra versión muy distinta respecto a este hecho. Rivero por ejemplo señala en su diario que: "Supe que este señor (Mujica) autor del cercenamiento de la barba de Leandro Gómez había cometido el hecho poco culto de usar aquel despojo del héroe en forma de pincel, pasándolo por la cara de varias personas que se encontraban a bordo del Guardia Nacional. Cuando lo supo el Almirante Murature, le increpó aquel acto de poco respeto a reliquias que debían ser sagradas para todos aquellos que habían presenciado la entereza del héroe sacrificado. Mujica se disculpó aduciendo que había sacado aquello del cadáver para enviarlo a la familia del muerto. Nunca oí decir que tal cosa hubiese sucedido".

 

  • Los restos de Leandro Gómez

Según Rubens Stagno y Alejandro Mesa, luego del fusilamiento, el cadáver de Leandro Gómez habría sido conducido hasta el osario que aún existe en el Cementerio Viejo (hoy Monumento a Perpetuidad). Otra versión dice que fueron conducidos a un panteón particular, que nunca se pudo identificar. 
El cadáver fue rescatado del osario por el Dr. Vicente Mongrell y Pedro Lenguas, (no hay coincidencias de si fue al otro día o un año después) y luego entregado a un botero que lo cruzó a Concepción del Uruguay, para quedar a cargo del cura Ereñú. Desde Concepción del Uruguay -tampoco se sabe en qué fecha- fueron conducidos a Buenos Aires con destino a su familia radicada en esa ciudad.
En el Gobierno de Máximo Santos, se autorizó su traslado a nuestro país y fueron depositados en 1884, en un monumento funerario (creado en 1866) y que permanecía vacío a la espera de sus restos, en la entrada misma del antiguo Cementerio Central de Montevideo.
Se depositaron en el lugar donde él mismo había dicho que quería ser enterrado, y donde su familia, deseaba y gestionó que descansaran definitivamente, según dijo a EL TELEGRAFO uno de sus bisnietos, el Sr. Eduardo Secco.


Pero esta desgraciada historia, tendría en el tiempo otros capítulos. El 2 de enero de 1984, el entonces Gral. Gregorio Álvarez, hoy encarcelado bajo dictamen de la Justicia por crímenes cometidos durante la dictadura (1973-1985), profana esos restos, para traerlos a Paysandú. Según otro descendiente del héroe, el periodista Jaime Secco, en reciente nota enviada y publicada por EL TELEGRAFO, dice que la única nieta uruguaya de Leandro Gómez declaró por 1960 en el Parlamento la oposición de la familia a nuevos traslados de sus restos y reclamó que se respetara el testamento. Pese a los recursos judiciales interpuestos, la dictadura empecinadamente, prosiguió con sus designios.

Se construyó un Mausoleo (que generó el rechazo de amplios sectores de la sociedad) destruyendo para ello una hermosa fuente de aguas danzantes y luminosas, ejemplo único en el interior del país, símbolo del Paysandú que floreció en la década del 40 y 50, del siglo pasado. 

El 18 de noviembre de 2009, se produce una nueva profanación, cuando delincuentes bajan al Mausoleo y se llevan parte de los restos. Nunca la Justicia pudo determinar el verdadero móvil, del acto delictivo, pero dispuso que algunos restos sin certeza de su autenticidad, que permanecían en custodia en la Jefatura de Policía, sean reintegrados a la Intendencia de Paysandú, quien tiene el Mausoleo bajo su jurisdicción.

Por otro lado, hay también algunas versiones anónimas que señalan que los restos de Leandro Gómez nunca volvieron a Paysandú y que la urna que se instaló cuando se inauguró el mausoleo contenía los restos de otra persona, ante la negativa de los descendientes del General en ese traslado y cumpliendo así con el pedido expreso de Leandro Gómez de ser enterrado en Montevideo en el panteón familiar.

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Capitanes de la Defensa