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Mojones de la Defensa

 

 

Circuito auto guiado sobre la Defensa de Paysandú 1864-65

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CRONOLOGÍA PREVIA

  • Guerra Grande y Tratado de 1851

 

Entre 1839 y 1851 el país vivió en permanente conflicto durante la Guerra Grande, donde los beligerantes fueron los blancos del Uruguay, encabezados por Manuel Oribe, aliados de los federales argentinos, liderados entonces por Juan Manuel de Rosas, enfrentados a los colorados de Fructuoso Rivera, aliados de los unitarios argentinos.

Luego de tantos años de guerras, era necesario poner fin a dicho enfrentamiento. Con ese objetivo, Andrés Lamas fue enviado por el Gobierno de la Defensa (con base en la capital y liderado por Rivera) a negociar con el Imperio Brasileño las condiciones para su colaboración. Se firmó entonces el Tratado de 1851, bajo condiciones que fueron calificadas como “malísimas” por el propio Lamas. Uruguay quedaba en total desventaja frente a sus vecinos: se perdía soberanía en algunos territorios orientales (Las Misiones), se permitía la intervención militar brasileña en conflictos internos y en lo económico el país contraía una deuda en condiciones muy desfavorables. Además, el tratado imponía la devolución de los esclavos brasileños fugados al territorio oriental, convirtiéndonos así en gendarmes del Imperio.

La Guerra Grande dejó al país en una situación de desolación. La riqueza tradicional del Estado Oriental (la pecuaria) había sido diezmada por el conflicto y el valor de la tierra había descendido a su tercera parte. Los propietarios empobrecidos vendieron sus campos a los recién llegados europeos y a los siempre presentes brasileños. En el periodo comprendido entre la Paz de Octubre (1851) y la caída de Atanasio Aguirre en 1865, los hechos políticos que se suceden responden a factores internos y externos.
 

  • Intentos fusionistas

Surgió entonces una tendencia “fusionista”, caracterizada por el intento de eliminar la división partidaria de los orientales, responsabilizando a la rivalidad entre blancos y colorados por tanta muerte y miseria. Se buscaba amalgamar ambas corrientes de opinión en una sola, la de la Patria.

Los fusionistas provenían de los sectores cultos de cada partido, “Los doctores”, quienes buscaban formar un gobierno que prescindiera de las divisas a las cuales atribuían los males que habían aquejado al país desde la independencia. Dentro de los blancos fue encabezada por Bernardo Prudencio Berro, y dentro de los colorados por Andrés Lamas. Los caudillos no vieron con buenos ojos estas propuestas y procuraron desplazar del poder a los elementos fusionistas.

Sucesivos gobiernos constitucionales intentaron llevar adelante políticas de fusión que una y otra vez se enfrentaron con los caudillos: primero fue Giró, derrocado por motín militar del colorado Melchor Pacheco y Obes, quien terminó de desestabilizar su gobierno.

La inestabilidad tuvo como  "solución” conformar un Triunvirato que incluyó a los tres líderes más destacados, Juan Antonio Lavalleja, Fructuoso Rivera y Venancio Flores. Los dos primeros murieron antes de constituirse el triunvirato. El vacío de poder fue llenado por una serie de pactos entre caudillos de ambas tendencias políticas. El más recordado es el Pacto de la Unión al que arribaran Manuel Oribe (blanco) y Flores (colorado) en 1855. Allí acordaron dar su apoyo a Gabriel Pereira para la presidencia de la República.

  • La hecatombe de Quinteros
     

Pereira fue elegido presidente durante periodo 1856-1860. Fusionista, fue enfrentado por el sector más intransigente del Partido Colorado (“Los conservadores”) quienes pretendían conservar intacta la esencia de su partido. Tenían como líderes a un político Juan Carlos Gómez y un militar, el General César Díaz.

En enero de 1858, Díaz –quien había sido desterrado a Buenos Aires- invade territorio Oriental, intentando tomar Montevideo. Tras fracasar se retiran al interior, siendo perseguidos por las fuerzas gubernistas. Se rindió en el Paso de Quinteros, sobre el río Negro a las fuerzas del general Anacleto Medina, donde capitularon y aparentemente llegaron a un acuerdo para salir con vida de la acción. No obstante, las órdenes desde la capital indicaban que debían ser fusilados los jefes y resto de los insurrectos.

Los blancos buscaron desligarse del hecho, argumentando que el presidente Pereira y el general gubernista Medina eran colorados. No obstante, estaban en un gobierno en que predominaban los blancos “del Cerrito”. Este episodio se transformó en elemento unificador del bando colorado y la venganza de sus mártires serviría de pretexto años después, para la invasión al país encabezada por Venancio Flores.

  • Gobierno de Bernardo Prudencio Berro
     

A Gabriel Pereira le sucedería Bernardo Berro, quien extremó las políticas fusionistas intentando terminas con las divisas por la ley, hecho que no cambió en nada la realidad, en la cual era muy fuerte el arraigo de las divisas e influencia de caudillos.

Su política exterior fue neutra frente a conflictos internos de Argentina y Brasil y por su intento de formar un eje con Asunción para contrarrestar a los poderosos vecinos. Para Bartolomé Mitre, el gobierno del Estado Oriental representaba un potencial apoyo a tentativas federales. Para el Imperio brasilero, Berro significaba controles, exigencias y rechazo a la multitud de estancieros brasileños propietarios de tierra, principalmente al norte del Río Negro. Muchos de éstos pensaban que era momento de recrear nuevamente la Cisplatina y anexar de una vez por todas, la díscola provincia platense.

La figura de Flores comenzó a ser vista con simpatía por imperiales y mitristas.

Por si fuera poco, el gobierno tuvo un agudo enfrentamiento con la Iglesia Católica, por potestades entre el poder político y eclesiástico, que también fue utilizado por Flores como pretexto para su sublevación. El Conflicto Eclesiástico tuvo como momento de mayor tensión el decreto de Berro de desterrar a Monseñor Jacinto Vera, quien partió hacia Buenos Aires. Poco después Vera se encontraría en Isla de Caridad durante el sitio.

  • ¿Qué pasaba en la región y en el mundo?
     

Las luchas internas ocurrían en un contexto regional. Argentina y Brasil tenían planes propios y no dudaron en utilizar los problemas partidarios en el territorio Oriental para beneficio de sus intereses, específicamente el de invadir y derrocar al Paraguay del Mariscal Francisco Solano López, considerado por entonces una potencia en la región, dada su diversificación productiva y desarrollo industrial. En efecto, hacia 1860, el gobierno paraguayo había levantado astilleros y fabricas metalúrgicas, construyó ferrocarriles y telégrafos, creó escuelas primarias y envió jóvenes a Europa para perfeccionarse. El Estado era el único gran capitalista. Era el único país de América del Sur que no tenía deuda pública extranjera, según Alberdi (intelectual argentino y fervoroso defensor de Paraguay durante la guerra) no porque le hubiera faltado crédito, sino porque le bastaron sus recursos y sus buenas inversiones. 

Los intereses argentinos y brasileños se verían consolidados luego con la Guerra de la Triple Alianza (integrada por Brasil, Argentina y Uruguay) también conocida como Guerra del Paraguay (1865-1870), conflicto muy sangriento que significó prácticamente la desaparición de la población masculina del pequeño país sudamericano.

Pero también había intereses de otras potencias mundiales sobre lo que pasaba en la región. En este sentido, para el historiador argentino Felipe Pigna: "la Guerra de Paraguay fue un enfrentamiento que respondió más a los intereses británicos de acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que podía devenir en un «mal ejemplo» para el resto de América latina”. En este marco es que se suele sostener que la Defensa de Paysandú fue el preámbulo de la Guerra de la Triple Alianza.

 

  • ¿Cómo era Paysandú previo al sitio?
     

Hacia 1863, la ciudad de Paysandú contaba con 5000 habitantes de 17 mil que tenía todo el departamento que comprendía también el territorio de Río Negro. Con el Coronel Basilio Pinilla como Jefe Político, había ingresado en el camino del progreso. Bajo su gobierno se realizaron las obras edilicias más importantes de la ciudad tales como la Iglesia Nueva, el Hospital de Caridad, el Cementerio Monumento a Perpetuidad, el Teatro Progreso (hoy Florencio Sánchez) y la Casa de la Policía (actual Jefatura). Asimismo, durante su gobierno se amplió el trazado de la ciudad y adicionó los espacios públicos, equipándolos de acuerdo a las necesidades de la época. También se impulsó la educación y se brindaron oportunidades laborales a emigrantes recién llegados a nuestra ciudad, tales como albañiles, carpinteros, ebanistas y herreros que poseían gran amor por su oficio y fueron parte de la construcción de la ciudad.

    

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Coronel Basilio Pinilla

Primer Jefe Político de Paysandú

Bernardo P. Berro

Presidente de la República (1860-1864)